
Por Pablo Manuel
Amor, toma esta copa de vino y brinda conmigo por favor, he encendido algunas velas, y puse música tranquila a un volumen moderado; ¿la ocasión?, el querer sentarme a tu lado, y mirándote a los ojos decirte lo que significas en mi vida y lo que siento por ti, te ruego escuches atenta, ya que estoy a punto de desnudar mi alma ante ti. ¿Recuerdas cuando nos conocimos?, en ese maravilloso día que estaba destinado para conocernos, desde que desperté, tenía un sensación especial; el aire que respiraba se sentía diferente, como con ciertos bríos de tranquilidad y armonía; recuerdo el momento en el que contemplaba un ocaso suntuoso, e inesperadamente me invadió tu mirada; que mágico instante, tus ojos mirando los míos, expresando el mismo deseo que en esos instantes sentía yo, el de aproximarme a ti y decir: “Que tal, cómo estás”, “me encantaría tomar una café contigo, teniendo por testigo esta maravillosa puesta de sol”.
A partir de ahí, te convertiste en la parte toral de mi vida, te convertiste en aquella mujer, que inspira el querer caminar hacia el campo cada mañana, llegar a un rosal, y buscar aquella rosa, que floreciendo parsimoniosamente en ese amanecer, y cubierta delicadamente con fresco rocío, intentará alegrar tu alma y tu corazón en el momento en que abras los ojos. Incitas el buscar día con día, algo que te haga sentir todo el tiempo segura, tranquila, amada y deseada, querida aún cuando duermo, segura aunque estes alejada. Eres lo dulce y lo tierno que existe en mi diario vivir, en cada momento del día, estoy contando los minutos y las horas, esperando ansioso el momento en que llego a casa, corro a la puerta, y en cuanto se abre, veo a mi tesoro, parada enfrente de mi, elegante, suntuosa, con el cabello revoloteando por su cuello y una sonrisa fascinante… nos miramos unos segundos, y extendemos nuestros brazos buscando alcanzarnos y perdernos en un sigiloso beso, mis manos rodean tu cintura y las tuyas vagan en mi espalda en señal de pertenencia, en señal de que este amor solaz del cual disfrutamos, no conocerá el final…,después, con una voz suave y sensual murmuras en mi oído, “Que bueno que llegaste, te estaba esperando”…
Por esto que te estoy diciendo, es que te pido que brindes conmigo mi amor, sellando en este brindis, una vez más, lo inmarcesible de nuestro amor… “Salud” mi amor, te deseo, que te sigas sintiendo tan enamorada como me siento yo; “salud” mi amor, y te invito a que sigamos la sendera que nos falta recorrer, tomados de la mano, apoyándonos el uno en el otro en momentos de flaqueza; “salud” mi amor, y perdámonos esta noche en los más íntimos recovecos de nuestra ansiedad, permitiendo que la luna nos arrulle y nos cobije, y que el cielo y las estrellas sean testigo de este amor,; “salud” mi amor……